Cuando La Libertaria y El Ángel Rojo hablaban en Bravo Murillo

Hoy es 14 de abril, la fecha icónica que rememora la memoria de la II República Española. En su día hicimos una reconstrucción del júbilo popular que corrió en las calles del barrio durante aquellos primeros días. La II República es un periodo enormemente complejo y diverso, con numerosos claroscuros. Hoy traemos aquí a dos personajes que pasaron por nuestras calles, ambos anarquistas, que dejan resonancias de un acontecimiento de crespón negro para la memoria popular acaecido durante la Segunda República (la matanza de Casas Viejas) y de la presencia anarquista en el barrio, con el recuerdo de un mitin donde se unieron dos personajes importantes de la mitología anarquista: Melchor Rodríguez y La Libertaria.

choza

La choza Seisdedos tras ser quemada por las tropas de asalto enviadas a Casas Viejas. Foto: Campúa (José Demaría Vázquez) | http://www.fronterad.com

En noviembre de 1933 el cine Europa, en Bravo Murillo, sería testigo de un mitin de la CNT que pretendía analizar la situación política del momento. Reunió a algunas de las figuras más sonadas del anarcosindicalismo, venidas de diferentes puntos de España. El fantasma que recorría el ambiente y el tema de las intervenciones estuvo muy centrado en el peligro del fascismo por llegar, con un ojo pegado a la reciente experiencia alemana. El clima se prolongaría hasta la Huelga Revolucionaria de 1934, y esa misma calle que aquel día albergaba la conferencia sería campo de batalla primordial en la experiencia madrileña del 34.

Allí estaban Teodoro Mora, Orobón Fernández o Melchor Rodríguez. Uno de los momentos más emotivos fue la intervención de María Silva Cruz, “la Libertaria”. Comenzó la lectura de unas cuartillas, pero enseguida la emoción la embargó y fue Rodríguez quien tuvo que acabar de leerlas.
La Libertaria se había convertido en una figura conocida después de participar y escapar con vida de la masacre de Casas Viejas. Allí el sindicato local, dentro de la campaña lanzada por CNT, proclamó el comunismo libertario. Se produjeron enfrentamientos y algunas personas se refugiaron en la casa familiar de María, la casa de los Seisdedos, que será incendiada por los guardias venidos de Jerez a “imponer el orden” en el pueblo. Dentro había hombres, mujeres y niños, y sólo María, que contaba 16 años, y el niño Manuel García, salieron con vida.

La Libertaria

La Libertaria

Posteriormente, otros hombres del pueblo serán detenidos, llevados a los restos de la choza y masacrados tras ser obligados a mirar la masacre. María perdió aquel día, que pudo escapar de las balas y el fuego, seis miembros de su familia.

María fue encarcelada y pronto su figura, convertida en la leyenda de La Libertaria, tomó tintes míticos dentro del mundo anarquista. Tras su paso por prisión, donde conoció a su pareja, el periodista anarquista Miguel Pérez, ambos viven en una unión libre en Madrid. Posteriormente será detenida, al principio de la guerra, siendo fusilada en el 36 entre Medina y Jerez, a pesar de tener un hijo en edad de pecho.

Sobre La Libertaria y su periplo en Casas Viejas se llegó, incluso, a escribir una obra de teatro. Su figura llegó a ser tan paradigmática que los rebeldes fascistas cargaron contra ella en su propaganda. Queipo de Llano se refirió a ella en sus locuciones radifónicas de Radio Sevilla, hablando de la toma de Ronda: “entre los defensores de aquella ciudad figuraba una mujer que era un auténtico engendro”, dijo. En Madrid, durante el asedio, cuando el gobierno acaba de huir a Valencia y las noches se pasaban a oscuras, por la radio sonaban poesías dedicadas a su figura. En 1951 Federica Montseny escribió la novela breve María Silva La Libertaria.

Pio Baroja escribió en el periódico Ahora “Yo, si fuera andaluz y anarquista, pugnaría por que en los Sindicatos de C.N .T. quitaran de las paredes los retratos de algunos viejos barbudos vulgares, dogmáticos y pe- destres, y pusieran, en cambio, la efigie de la muchacha anarquista, desconocida hasta hoy, en Casas Viejas. Como los países militaristas tienen el culto al soldado desconocido, los libertarios podrían tener el culto de la anarquista desconocida. Esta andaluza, admirable por lo brava, tiene el derecho de entrar en el patrón revolucionario clásico”

Melchor Rodríguez había tenido un paso curioso antes por Tetuán. Había sido chapista y novillero, y había tenido que dejar el traje de luces después de una cogida en la plaza de toros de Tetuán de las Victorias.

Melchor Rodríguez

Melchor Rodríguez

Rodríguez es un personaje controvertido, sus esfuerzos durante la guerra por evitar ejecuciones extrajudiciales en Madrid le han valido el apelativo de Ángel Rojo, pero también algunas sospechas de quintacolumnista (dos de sus colaboradores más cercanos, su chófer Rufo Rubio y su secretario Juan Batista, de hecho, lo fueron). Hacía gala de humanismo libertario, fue uno de los fundadores de la FAI y miembro del conocido grupo Los Libertos. A finales del 36, con la CNT en el gobierno y Juan García Oliver como Ministro de Justicia, Rodríguez es nombrado Director General de Prisiones, dictando órdenes contra las sacas. En 1938 es enjuiciado por colaboracionismo por el comité de defensa de la CNT y es absuelto

Apresado tras la guerra, consiguió salir en 1943, momento tras el que prosigue su militancia anarquista, que le vale nuevos ingresos en prisión. Participa, antes de morir en 1972, en las labores de reorganización de CNT.

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