Cuidar las casas para recordar: poniendo en valor la vivienda obrera y popular de Tetuán

Pasear por los distintos barrios del Tetuán más alejado de la Castellana es una experiencia tan rica como frustrante para el caminante observador. Los estratos de la vivienda contemporánea no se superponen como en una excavación arqueológica, se apretujan unos junto a los otros sin mucho orden ni concierto. Como siempre fue, por otra parte, en el extrarradio. Pujando las viviendas y trazados de las últimas décadas por borrar las viviendas de épocas anteriores, pero sin conseguir tapar del todo, habiendo como hay tantos intersticios y muros achacosos, la ciudad que fue.

Como hemos visto en otros capítulos, los barrios de Cuatro Caminos, Bellas Vistas y Tetuán de las Victorias (perteneciente a Chamartín de la Rosa hasta mucho después), nacen a orillas de la carretera de Francia y como resultado del crecimiento demográfico y la carestía de la vivienda, no ya en el interior de la ciudad clásica, sino también del recién estrenado Ensanche.

Muchos de los habitantes de lo que hoy conocemos como Tetuán han venido a Madrid , principalmente de las dos Castillas, precisamente para trabajar en la construcción. Algunos de los nuevos habitantes son también mercaderes que llegan a la ciudad y a las ventas de sus afueras cada madrugada, y que con el tiempo se van asentando; traperos que habían de hacer incursiones en la ciudad; artesanos madrileños proletarizados y expulsados al extrarradio; trabajadores de pequeñas industrias, etc.

Esta gran masa de jornaleros y trabajadores de la construcción que construyeron las casas de los barrios de Salamanca o Chamberí, levantaron también, con sus manos y sus conocimientos, las mismas casas que habitaron en el nuevo extrarradio.

Casas bajas en la calle Tablada con la de Muller

Casas bajas en la calle Tablada con la de Muller

Las condiciones de habitabilidad en las que vivieron aquellos obreros y miembros de las clases bajas distan mucho de ser envidiables. A menudo, fueron capaces de colocar los ladrillos en voladizos y fachadas con resultados arquitectónicos más que dignos, en una suerte de neomudejar popular muy característico. Sin embargo, aquel ornamento muchas veces ocultaba habitaciones que eran auténticos infiernos interiores.

A pesar de ello, reivindicamos en este artículo la importancia de conservar la cultura material y la identidad histórica de los barrios obreros, sin que esto esté reñido en nuestra opinión con la posibilidad de acometer reformas urbanas que mejoren las condiciones de vida de la gente.

Las casas de Tetuán

A los pocos años de que se conformaran los primeros barrios que hoy forman Tetuán, hacia 1860, en Bravo Murillo van apareciendo casas de dos y tres plantas que no se diferencian de las del Ensanche, aunque la norma son las casas de tipo rural: casas bajas, muchas veces con patio y corral. También son frecuentes las viviendas obreras de dos pisos comunicados con escalera interior para dos familias ( obreros que pagaban a medias el solar y los gastos de construcción).

El paseante curioso tiene en Tetuán un campo abonado para el descubrimiento. Abundan las casas construidas en los patios interiores, los sotabancos o las casas recrecidas con nuevos pisos de las formas más marcianas. Muchas de ellas han sobrevivido seguramente porque no se ven. Todas estas tendencias se dieron aquí desde prácticamente el nacimiento de la barriada, unas veces haciendo de la necesidad virtud y otras atendiendo al afán lucrativo de los propietarios.

Detalles de ladrillo de diferentes viviendas

Detalles de ladrillo de diferentes viviendas

Desde los años setenta del siglo XIX ya se encuentran ejemplos de proyectos en los barrios de Bellas Vistas y Cuatro Caminos para convertir casas bajas en casas con pequeños cuartos para obreros, con corredor para dar salida a la calle a las habitaciones. Las casas de corredor, o corralas, aparecen muy representadas en la zona. Abundan las de dos plantas, con una veintena de cuartos por planta en torno a un corredor que daba a un patio central. En la memoria de una de ellas se puede leer que “todas las habitaciones contaban con dos compartimentos solamente con el fin de poderlas alquilar a la clase obrera a un precio módico”. Tenían crujía (corredor estrecho que daba paso a las habitaciones), con un fogón que hacía las veces de cocina, sala y dormitorio. Detrás estaba la alcoba, sin ventilación propia. Hemos podido leer de una de estas casas en la calle San Eugenio que contaba con cuatro retretes compartidos para 46 viviendas.

Otra tipología que apareció por aquellos años y que parece hoy olvidada consistió en cajones o viviendas provisionales, que eran a la par tienda y casa. Kioskos que sustituían a los antiguos ventorrillos de Cuatro Caminos, que eran chamizos de madera y paja. Con columnas de fundición en hierro y zócalo de fábrica. Con tienda, retrete y alcoba, todo separado por tabiques.

Casas baratas

En el Barrio de Bellas Vistas, en un triángulo de calles bastante pequeño, encontramos en pie varios ejemplos interesantes de vivienda obrera construidas no por sus propios moradores o por pequeños promotores, como en los casos anteriores, sino que son fruto de la acción planificada de las élites o de la propia organización obrera. A las causas y efectos de estas iniciativas, como a las Leyes de Casas Baratas que las posibilitaron, nos referiremos un poco más adelante.

Acostumbrados a la discontinuidad con la que se aparecen en las calles del barrio hoy las viejas viviendas obreras de ladrillo, llama mucha la atención el grupo de casas alineadas a lo largo de de la calle Avelino Montero Ríos. La promoción fue una de las primeras hechas por la Constructora Benéfica de Concepción Arenal, en 1876. En tiempos, de hecho, la calle se llamó así: de la Constructora Benéfica.

En la calle Tenerife con Juan Pantoja encontramos un grupo de viviendas construido entre 1920 y 1922 también por la Constructora Benéfica. Como reza en la puerta, se utilizó para erigirlas el legado de la Marquesa de la Coquilla, que donó 700.000 pesetas para su construcción. Tenían agua corriente y luz eléctrica, como exigía el reglamento de la Ley. También un horno de pan y dos escuelas anejas, cuyos edificios fueron destruidos ya en el siglo XXI.

A las sucesivas inauguraciones (se hicieron al menos tres actos por grupos de viviendas) asistió la plana mayor de la alta sociedad: el nuncio del Vaticano, el mismo rey, el generalato y la aristocracia madrileña. Se hizo en la misma época otra casa en la cercana calle Pedro Barreda.

La Constructora benéfica se creó en 1875 cuando la condesa de Krasinski, residente en París, envió un donativo de 25.000 francos a Concepción Arenal, cuya obra admiraba, para que los empleara en la obra de caridad que considerase más útil. A este donativo se unieron otros donativos y testamentos de damas de clase alta, prohombres de la época y hasta de la corona. Su realización más conocida es la del primigenio barrio de Pacífico.

Entre las calles San Raimundo, Santa Juliana, Olite y Tenerife, el paseante se sorprende también con una serie de preciosos hotelitos con jardín anterior. Se trata de la Cooperativa de Casas Baratas de la Ciudad Jardín Norte. Frente a la beneficencia de los dos ejemplos anteriores, existe también el recurso a las casas baratas por parte de las organizaciones obreras de masas. El cooperativismo socialista fue tomando fuerza en la segunda década del siglo XX. En Madrid el proyecto más importante fue la Colonia Socialista (1919-28) en la zona de Alfonso XIII, creada por iniciativa de Pablo Iglesias y Jaime Vera (con colegio e instituto a su nombre en el barrio).

La cooperativa fue fundada en 1923 por afiliados al Círculo Socialista de Cuatro Caminos, que compraron a la familia Stuyick (dueños de la fábrica de tapices de Madrid) los terrenos. Tanto el arquitecto como el maestro de obras eran socialistas. Las casas se inauguraron en 1929.

Un poco más lejos, hacia la Dehesa de la Villa entre las calles Francos Rodríguez, Bellas Vistas y Leñeros, encontramos la Colonia Bellas Vistas, que se construyó entre 1925 y 1928 por la Compañía Anónima de Casas Baratas acogiéndose a la Ley de 1922.

La bonita Colonia de Bellas Vistas es hoy una insólita zona de chalets (muchos de los cuales no son viviendas sino sedes de organismos o empresas) vallado y con horario. Los propietarios de las casas cerraron unilateralmente el pasaje en 2009, lo que propició un conflicto con algunos vecinos, a los que la privatización de la calle no les parecía bien. A día de hoy la puerta de acceso sigue cerrándose por las noches.

El que amparándose en una Ley de Casas baratas se construyeran casas para la burguesía no es un hecho aislado, la colonia de El Viso, por poner un caso extremo, también se proyectó como cooperativa para obreros y funcionarios, acogiéndose a las ventajas de la Ley de Casas Baratas de 1925.

En ningún caso estas casas para obreros con un plan prefijado y una ideología detrás fueron mayoría durante el primer tercio del siglo XIX en el Madrid más allá del Ensanche, y mucho menos en Tetuán, siendo habitual el barraquismo, la pequeña promoción y la autoconstrucción, como hemos dicho

Las leyes de Casas baratas y la acción del Estado

La política de exenciones de la que se benefició la Constructora Benéfica (no pagaba absolútamente ningún tributo), promotora de algunas de las casas que hemos visto, fue antecedente solitario en la acción del Estado con respecto a la construcción de vivienda obrera hasta que en 1911 se promulga la primera Ley de Casas Baratas. La ley estaba muy influida por la ley francesa de 1894 y las barriadas obreras como Mullhouse.

Durante los años de la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) se produciría un nuevo impulso de ayuda pública para las casas baratas en régimen de cooperativa para funcionarios y empleados. Durante la Segunda República (1931-39) se intentaría sin mucho éxito incrementar la eficacia de las cooperativas como forma de potenciar la vivienda obrera, al margen de la realización de medidas de urgencia durante la guerra, como rebajar los alquileres o la incautación de viviendas.

"Hotelito" de la Ciudad Jardín Norte, vivienda socialista

“Hotelito” de la Ciudad Jardín Norte, vivienda socialista

Sería durante la dictadura franquista cuando se produciría una participación mayor del Estado, en el marco del nacionalsindicalismo (con el Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar). Aún hoy los yugos y las flechas desprenden óxido sobre numerosas puertas en nuestras calles.

Durante el franquismo no pocas constructoras, aprovechando la política de exenciones fiscales, de provisión de materiales y hasta de trabajo esclavo durante los primeros años, se especializó en la construcción de viviendas de mala calidad, primero en alquiler y después para venta, destinadas a la población obrera. Pronto esta práctica derivaría en nuevos cinturones industriales de dudosas condiciones de habitabilidad que hemos visto en el capítulo sobre el asociacionismo vecinal. En el barrio se construyó sobre todo en el límite norte, en las zonas de Ventilla y Valdeacederas.

La vivienda como forma de control: de la caridad al reformismo social

Desde mediados del siglo XIX las cuestiones de la vivienda o la habitación obrera, ligadas a la entonces llamada cuestión social, a los debates sobre el pauperismo o el higienismo, resuenan fuerte en el debate público. La nueva ciudad capitalista propicia una auténtica crisis de la vivienda, quedando esta convertida en una mercancía más, fuera del alcance de muchas capas de obreros. Las soluciones se debaten entre el viejo recurso a la caridad, acaso modernizado tras la postura social de León XIII y su encíclica Rerum Novarum, y el naciente reformismo social.

En el patio interior de las viviendas de la Constructora Benéfica en la calle Tenerife

En el patio interior de las viviendas de la Constructora Benéfica en la calle Tenerife

En Reformismo, vivienda y ciudad, la urbanista María A. Castrillo Romón afronta el nacimiento de este reformismo explicando las políticas públicas desde tres perspectivas: higiénica, moral y económica.

Desde la perspectiva económica hay que entender que convertir al obrero en dueño de la casa – que es la opción por la que se optó en la mayoría de las promociones – le convierte de repente en propietario, intentando huir de la conflictiva denominación de obrero.

Es bien conocido el recurso histórico a la caridad de las clases dominantes de cara a amortiguar el conflicto social. Como vimos en otro sitio, los ciclos revolucionarios precipitaron, en parte, la salida de la clase trabajadora del centro de la ciudad, pero la segregación clasista tenía el peligro de que las clases subalternas de la periferia adquiriesen, como sucedería, conciencia de clase.

A este respecto rescatamos unas palabras de Antonio Guerola, uno de los fundadores de la Constructora Benéfica en la Revista Hispanoamericana. Hablaba en 1881 de “comunismo engañador, [que] por muy irrealizables que sean, suelen seducir a las clases obreras con perspectivas ilusorias de bienestar”. El diario católico El Iris lo plasmaba también hablando de una de las inauguraciones de las casas de la calle Tenerife : “El proletariado ha podido constatar una vez más que el cristianismo es la única fuerza poderosa para resolver los problemas sociales, para inducir al rico a que mire al pobre y le socorra.”

Construcción moderna incrustada entre la hilera de casas de 1876 de la calle Avelino Montero Ríos

Construcción moderna incrustada entre la hilera de casas de 1876 de la calle Avelino Montero Ríos

Así mismo, da igual que hablemos de caridad o de reformismo social a estos efectos, la vivienda obrera es también un instrumento de disciplinación moral y laboral de las clases bajas.

La burguesía entiende a mediados del XIX que para acabar con la multitud desarraigada que crece en las ciudades fruto del capitalismo es necesario crear individuos e intermediar sus relaciones, con el doble fin de favorecer el control de la población obrera y asegurarse que su vida encajara en la vida reglada al minuto del obrero capitalista. Para ello las viviendas debían albergar únicamente a la familia nuclear moderna (padres e hijos), con una normativización tempoespacial similar a la de la fábrica. A partir de ahora, y a diferencia de la vivienda burguesa, la vivienda obrera se le da a esta unidad familiar como una cápsula cerrada e inalterable. En última instancia atenuar la incidencia de enfermedades infecciosas combatía de paso el descenso de la productividad.

La aspiración moralizante de los higienistas del XIX es bien conocida. Sus estudios y reglamentaciones para impedir la venta callejera en Bravo Murillo o velar por la construcción del ideal de vivienda obrera lo mismo tenían de efectivo velar por la salubridad que de disciplinación moral del populacho. Así se transmitió a la Ley de Casas Baratas de 1911, que hablaba de “proporcionar a las familias poco acomodadas, en el disfrute de sus domicilios moralidad, higiene, comodidad, hábitos de cultura…”

Los estatutos de la promoción de casas baratas para obreros Mulhouse en Francia, modelo en el que se fijaron aquí los impulsores de las leyes de casas baratas, decían literalmente “cada casa se construirá para una sola familia, sin comunicación”.

Guerola, en el mismo texto que mencionábamos antes decía hablando del barrio de Pacífico, construido por la Constructora Benéfica:

“En aquella calle de la Caridad [así se llamó la vía principal de la promoción] se conoce el bienestar de sus moradores porque hay tranquilidad completa, armonía fraternal de vecinos, salubridad notable y hasta moralización de las familias. El obrero que vuelve por la noche a su hogar y halla que es una mansión agradable, en ella se queda y no va a buscar a la taberna y a la calle goces perturbadores, porque los encuentra mejores y más puros en el seno de su familia y en su casa, que algo suya empieza a ser desde la primera cuota de amortización que entrega a la Constructora Benéfica”.

La memoria de los barrios obreros a través de sus viviendas

Existe un interés incipiente por la construcción obrera despertado por la Arqueología Industrial, y su estudio de las conexiones entre la vivienda y las relaciones de producción. Sin embargo, hasta la fecha, las ciudades se han conformado con reutilizar viejas fábricas como contenedores comerciales o culturales, al modo del Matadero o La Casa Encendida en Madrid.

En algunos casos se han musealizado casas obreras en desuso en viejas zonas industriales…pero el caserío obrero que persiste a duras penas en nuestras ciudades no es objeto de la suficiente atención por parte de las autoridades.

En una entrada del blog Urban Idade dedicada a las viejas casas de la calle Avelino Montero Ríos son varios los habitantes de las mismas que agradecen al autor las explicaciones sobre su origen. No es ya que su naturaleza no esté indicada en ningún lugar de la ciudad, es que su memoria parece difuminada hasta para sus habitantes. Estos mismos se quejaban de que en 2010 el ayuntamiento retiró el enlosado original de granito sin aparente necesidad, y ante el asombro de los visitantes del blog porque se hayan hecho modificaciones “agresivas” en las viviendas, un vecino, que se quejaba de las deficiencias constructivas de las viejas casas, comentaba:

“La zona está declarada colonia histórica por lo que modificaron la ley, actualmente no podemos hacer prácticamente ninguna modificación en las viviendas (legalmente, otra cosa es lo que hacen algunos) y sin embargo a la hora de pagar impuestos no incluyen las viviendas en el catálogo de edificios históricos y no tenemos ninguna subvención, ni ninguna ayuda, ni rebaja en el impuesto de la vivienda ”

Si para los vecinos de unas históricas viviendas para obreros el contexto histórico se pierde en la maraña de la ciudad, y la escasa protección de que estas son objeto vira en problema más que en beneficio por falta de dotación, el problema es aún mayor para los numerosos vecinos que habitan viviendas obreras dispersas.

La memoria material de las clases populares nunca ha sido, pese a ser la memoria de la mayoría de la población, objeto de cuidado. Esto no es un mero tic elitista, forma parte de la reproducción del concepto de alta cultura como único universo cultural rector del canon. Si se musealiza un palacio, de corriente, las alcobas nobles serán el centro de la exposición, mientras que las dependencias del servicio servirán de oficinas o almacenes, dejando de lado la noticia de cómo vivía la mayoría de los habitantes de la casa, y de paso la de las relaciones de dependencia y sumisión que allí sucedían.

En los barrios obreros las sucesivas olas urbanísticas han ido borrando rastro de la cultura material obrera, ligada también a las sucesivas olas de conflicto entre clases. Silvia Federici utiliza en Calibán y la bruja la idea marxista de David Harvey de que la acumulacion por desposesión, que permitió el despegue capitalista, se sigue produciendo constantemente, y se produce también con el cuerpo de la mujer. Podemos intuir que la desposesión de la memoria opera en un sentido similar, despojando del capital simbólico de las clases populares.

Todos somos – o éramos – capaces de distinguir la fisonomía de un barrio obrero, sin embargo, el urbanismo uniforme que se ha impuesto en las últimas décadas arrasando el trazo anterior de los barrios obreros, sirve a la ficción de una única clase media. Descontextualiza las líneas de conflicto, margina – cuando no expulsa – a los viejos vecinos, e impide a los nuevos conectar con la memoria combativa de los lugares. El antropólogo Manuel Delgado suele referirse a esta ciudad que vive la ficción de la clase media y el interclasismo como ciudad consensual.

En el envés de esta argumentación figura el problema de las malas condiciones de habitabilidad de muchas viejas casas populares. Nunca se han creado las condiciones para la correcta rehabilitación del caserío fuera del centro histórico de Madrid, ni tampoco planes de reconstrucción o realojo que respeten la identidad de los barrios populares, creando la falsa dicotomía que dicta que sólo es posible vivir en viejas viviendas sin arreglar o vivir en bloques de pisos de los que se hacen en serie.

Cuando alguien dice Tetuán, a no pocas personas les vienen a la cabeza las cada vez más escasas casas bajas. Cuando, aprovechando el silencio estival, se derriban las casitas bajas que quedan en el barrio, nadie se plantea ya la posibilidad de que estas hubieran sido correctamente rehabilitadas o, de no ser esto posible, se hubieran sustituido por casas dignas que conservaran la personalidad de las calles .

Hoy Tetuán es el distrito de Madrid con más rascacielos. Probablemente lo más significativo no es esto, como no lo es que queden casas bajas, es la distancia social que simboliza la diferencia de altura entre unas y otras. La desaparición y desvalorización de estas casitas, como del resto de vivienda popular y obrera, debería ponernos sobre la pista de algunas cosas que espero hayamos conseguido apuntar aquí.

BIBLIOGRAFÍA:
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Salud Pública Y Biopolítica (2): Higienismo
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http://www.madrimasd.org/blogs/salud_publica/2008/12/25/110208, accessed April 30, 2014.

*No se consignan aquí las consultas hechas en hemeroteca histórica, algunas de ellas referidas en el texto

5 pensamientos en “Cuidar las casas para recordar: poniendo en valor la vivienda obrera y popular de Tetuán

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