El encuentro en Cuatro Caminos del pintor obrero y el pintor burgués

bardasano

Imaginen a un chiquillo con una capacidad asombrosa para dibujar. Un destajista de los pinceles autodidacta que subasta sus obras para llevar algo de dinero a casa. En la glorieta de Cuatro Caminos. Imaginen que un buen día, cuando contaba 14 años, un pintor consagrado, que luego sería director de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, pasa por la calle y  le descubre. Imaginen que ellos viven ese preciso momento de la historia –los años treinta-, en el que ambos vecinos del mismo barrio y compañeros (maestro y discípulo), pueden convertirse en personajes diametralmente opuestos en la historia de un país.

José Bardasano vivía con sus cuatro hermanos y sus padres en una casa humilde de la Calle Artistas. Su padre fue tranviario e intervino en la huelga del 17, por lo que fue represaliado y pasó por la cárcel. Bardasano recordaba haber vivido los tiros en la calle siendo muy pequeño y hubo de llevar comida a su padre a prisión. Como muchos niños del barrio, estudió en el colegio Nuestra Señora de las Maravillas, aunque a la vez trabajaba en diversos oficios y pintaba en la calle. Fue a la Escuela de Artes y Oficios de Cuatro Caminos (calle Artistas), aunque él se consideraba básicamente autodidacta

En una entrevista concedida a Mundo Gráfico en 1937, cuando había obtenido notoriedad como pintor y cartelista, decía “¿Tu te acuerdas, no hace muchos años, en Madrid, de un muchacho que pintaba en la calle y luego rifaba sus cuadros? Ese ara yo…”, lo que hace pensar que debía ser un personaje conocido en la barriada de los Cuatro Caminos. En otro reportaje, en Estampa, se dice que el Bardasano de diez años empezó a pintar en Cascorro para ayudar en casa. Su padre trabajaba de vez en cuando de albañil pero la situación económica era mala.

A los 14 años le encuentra pintando en la Glorieta de Cuatro Caminos un pintor y profesor en la Escuela de Artes y Oficios de la calle Artistas, y es así como comienza a tomar con él clases nocturnas. Conoce a su pareja, Juana Francisca, que también es dibujante.

Terminó sus estudios con todos los premios posibles pero no fue aceptado en la Real Academia de San Fernando, lo que supuso un duro golpe para él. Sin embargo, sigue trabajando y empieza a recibir los frutos. Viaja por Europa y, de vuelta en España, inaugura exposición justo cuando los militares se levantan. Tuvo que suspenderse.

Al acabar la guerra pasa por los campos de prisioneros franceses y termina en México, donde colabora en la fundación del Círculo de Bellas Artes de México. Regresó a España en 1960 y murió en Madrid en 1979.

Algunos de los trabajos más populares de José Bardasano son carteles que hizo durante la contienda. En aquella etapa dirigió La Gallofa, un grupo de artistas de las Juventudes Socialistas Unificadas que hacían propaganda a través del arte (carteles, periódicos murales, ilustraciones para prensa…)

Marcelino

Aquel profesor que le descubrió pintando en la calle cuando tenía 14 años no era otro que Marcelino Santa María, cuya casa es más conocida en Tetuán que su propio nombre. Al contrario que Bardasano, de tradición obrera y socialista, Santa María era un hombre profundamente religioso, famoso por sus cuadros de trasfondo histórico (como El Triunfo de la Santa Cruz, sobre la batalla de las Navas de Tolosa) y los paisajes castellanos.

Tras la Guerra Civil hizo retratos de Francisco Franco Bahamonde (a quien se dice ayudó en sus aficiones pictóricas) y recibió la Medalla de Oro Extraordinaria del Círculo de Bellas Artes en 1943. Murió en 1952 y hoy hay un museo sobre su figura en Burgos.

Su casa es la conocida como Casa del Pintor (también como Villa Arán). Se trata de un viejo caserón situado en la escondida calle de Abel que deja constancia de tiempos en los que aquella parte de Bellas Vistas era refugio de la burguesía, que la trufó de hotelitos en su mayor parte hoy desaparecidos. Tiene el caserón silueta de casa encantada, que combina el ladrillo típico del barrio con detalles señoriales y cierto halo de misterio, al que ayuda la frondosa vegetación de su jardín.

Dos pintotores en la Glorieta de Cuatro Caminos. Un pintor del pueblo en armas y un retratista de Franco.

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