La aciaga marcha hacia la muerte de Durruti por Cuatro Caminos

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—Llegamos a la plaza de Cuatro Caminos y giré por la Avenida de Pablo Iglesias a toda velocidad. Pasamos al lado de unas casitas bajas que hay al final de la avenida y luego giramos a la derecha. Recuerdo que hacía muy buen día. Me chocó por las fechas en las que estábamos, a últimos ya de noviembre. Llegando a una bocacalle vimos a un grupo de milicianos que parecía venir a nuestro encuentro. Durruti sospechó que aquellos muchachos tenían la intención de abandonar el frente y me ordenó detener el coche. Maldita la hora, mi comandante. Estábamos en zona de fuego enemigo. Las tropas moras, que ocupaban el Hospital Clínico y dominaban el lugar, disparaban contra todo lo que se movía. No se oían más que tiros por todos lados. Por precaución, estacioné el auto en la esquina de uno de aquellos hotelitos de la zona. Durruti y Manzana bajaron del coche y se fueron hacia el grupo de milicianos para preguntarles dónde iban. Los soldados, sorprendidos en su falta, no supieron qué contestar. Durruti les reprendió severamente y les ordenó que volvieran a sus puestos.

El párrafo anterior es un pasaje novelado de la declaración de Julio Graves, el conductor del coche en el que viajaba Durruti el día de su muerte,  de la novela corta El hombre que mató a Durruti, de Pedro de Paz (PDF). El momento que narra, el instante inmediatamente anterior a que una bala hiriera de muerte a Buenaventura Durruti. Hay que entender que Pablo Iglesias era en ese momento la actual Avenida de Reina Victoria y su continuación, la Avenida del Valle, el lugar donde el cenetista caería muerto camino del disputado Hospital Clínico, hacia donde se dirigía.

Poco antes, cuando Durruti quiso conocer la situación de la defensa de Madrid, Cipriano Mera – vecino del barrio- le había insistido “en el peligro que suponía la ocupación por el enemigo de las alturas de Cuatro Caminos”.

Cayó herido el 19 de noviembre y murió un 20 N –uno más digno que el más nombrado- de 1936. Madrid había esperado con ansia la llegada de su columna aquel noviembre y Buenaventura se le fue pronto a la ciudad. A pesar de ello, Madrid resistiría años el asedio fascista.

A menudo se nombra a Durruti a propósito de su cita más célebre, “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”. Convendría no olvidar la segunda parte de la frase tal y como la pronunció …”y ese mundo está creciendo en este instante”

Para un paseo más largo por la vida de Durruti, y por su tiempo, recomendamos el colosal estudio de Abel Paz Durruti en la Revolución española (PDF), que sin duda utilizó para documentarse Pedro de Paz

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