La gentrificación tiene caras y voz (a propósito de Ofelia Nieto)

* Este artículo tiene ya mucho tiempo, pero lo introducimos para recordar que su contenido y la pelea por Ofelia Nieto sigue adelante

En los últimos tiempos, se ha vuelto relativamente frecuente encontrar el términogentrificación en debates y artículos periodísticos. A pesar de que el palabro empieza a resultarnos familiar (cada vez menos gente piensa que Gentrificación es un nombre de señora) los límites del concepto siguen apareciéndose demasiado difusos para ser útiles al debate. A veces sirve de intuitiva idea paraguas, bajo la que cabe cualquier cosa; en otras ocasiones, no se sabe bien si quienes la utilizan hacen crítica desde una óptica urbanística, sociológica o gastronómica.

Sin embargo, no cabe duda de que el término encierra un concepto potente ¿cuáles son sus límites? En mi opinión uno de los más claros es que el tecnicismo invita a hablar en abstracto o, al menos, en categorías un tanto deshumanizadas (procesos urbanos a largo plazo, planes de reordenación, procesos de aburguesamiento…). Sin embargo, en tanto que los procesos de gentrificación afectan a personas –los vecinos, grupos poblacionales, y demás genéricos utilizados habitualmente en el debate no son otra cosa que gente – debemos ponerles caras y, sobre todo, voces.

El concepto fue definido en 1990 por Michael Pacione, aunque tiene antecedentes cercanos en la literatura académica y, desde luego, se refiere arealidades existentes en las ciudades contemporáneas desde que estas existen.

Admite variaciones, pero el punto común a todas las acepciones es que se produce un proceso de transformación urbana en el que los viejos vecinos se ven desplazados por un nuevo grupo poblacional más pudiente. El cambio es consustancial a las ciudades, no es en si mismo negativo, pero la violencia en dicho cambio y la exclusión de los habitantes es lo que lo convierte en indeseable. Como escribía en otro sitio:

* Leer el artículo completo en el blog de Ofelia Nieto 29

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