Las vecinas de tetuán en la batalla por la ciudad

El pasado sábado 13 de diciembre, algunos miembros de Tetuán Combativo estuvimos en las Jornadas La okupación en la batalla por la ciudad. Algunas ayudaron a organizarlo desde la Oficina de Vivienda, otras tuvimos un debate acerca de qué íbamos a contar en la mesa La ciudad es un campo de batalla, y yo (el que escribe, Luis) fui el encargado de trasladar lo que hablamos acerca de cómo se había librado la batalla por la ciudad en Tetuán en los últimos tiempos. Las jornadas continuarán el próximo sábado, 20 de diciembre, en el CSO La Morada. Os dejamos un resumen que refleja, más o menos, lo que allí contamos.

Tetuán en la batalla por la ciudad

Con que esto quedara claro al final de la intervención nos dábamos por satisfechas…

–        En Tetuán, como ya hemos dicho otras veces, la gentrificación opera de arriba abajo. Como en la mayoría de los barrios, fuera de los centros urbanos más a la moda y del objetivo de los artículos de prensa sofisticados, son los intereses de los bancos, las constructoras y el Ayuntamiento, los agentes que determinan que los vecinos se vean expulsados de sus casas, no los patrones de consumo ni los escaparates con cupcakes. Aquí nos referiremos a la gentrificación aludiendo a los desahucios o los cortes de suministros como una manera de expulsión y la lucha de clases en la ciudad, no a los hípsters.

–        Tetuán no es un barrio, es un distrito con cinco barrios y 150.000 habitantes. Sin embargo es un distrito con conciencia de barrio. Poca gente se considera a sí misma de Castillejos, o de Bellas Vistas (quizá sí de la Ventilla). El problema de esto es que los esfuerzos de los diversos colectivos que luchan por la ciudad, cada uno desde su sensibilidad, quedan diluidos entre las grandes distancias y la multitud de vecinos que pueblan Tetuán.

–        Consideramos que los movimientos sociales y el tejido asociativo ayudan a resistir la ofensiva capitalista por la ciudad (gentrificación) de la que estamos hablando, y que conseguir hacer una red más densa de resistencia es clave para ello.

¿De dónde venimos?

Foto de @Danips

Foto de @Danips

Tetuán es un barrio que vive la tensión de la lucha de clases librada en la ciudad prácticamente desde que existe. Al menos desde la construcción del metro, constatamos procesos especulativos, de derribo de casas bajas y expulsión vecinal. De resultas de ello es un lugar con una gran tradición combativa. En la huelga general de 1917 Cuatro Caminos se convierte en uno de los escenarios principales de la conflictividad sociolaboral, y durante los años treinta se configura como el gran barrio obrero de la izquierda madrileña, papel que tendría –con el castigo que esto le acarrearía- durante la Guerra Civil. Posteriormente, continuó siendo un ámbito importante de resistencia. Esbocemos algunos trazos: a finales de los cincuenta se constituye el Frente de Liberación Popular en una iglesia de Bravo Murillo ; a finales de los sesenta aparece en escena la Asociación de Vecinos de Zarzaquemada , que antecede al gran movimiento vecinal del barrio, en Ventilla ; en 1977 se produce una de las primeras okupaciones de las que se tiene constancia, en la calle Marqués de Viana ; en 1978 nace el Movimiento de Objeción de Conciencia con el encierro de una veintena de personas en una iglesia del barrio y la creación de un servicio civil; en los 90 Tetuán se convierte en el distrito okupa de Madrid…

Entre finales de los 90 y los dosmiles, en Tetuán, como en el resto del país, triunfa una visión de la ciudad que es reflejo de la España pre-burbuja: la asunción de que todos éramos clase media. La ciudad se hace homogénea, con bloques idénticos en cualquier parte, para promover la falta de conflicto y lo que Manuel Delgado ha llamado la ciudad consensual. Por supuesto, hay gente creando resistencias, pero en el fresco general, quedan diluidos en esta versión desconflictivizada de Madrid.

Hacia el sindicalismo social a través de los contextos compartidos

En poco tiempo llegan la crisis y el 15M, en 2011, que supondrán un cambio de ciclo en la lucha por la ciudad. El 15M supone, tras la experiencia desterritorializada de V de Vivienda, la vuelta del conflicto al territorio concreto. La Acampada de Sol toma el centro metropolitano y se ramifica luego en los distintos barrios de la ciudad.

A medida que la crisis va profundizándose, la Asamblea Popular de Tetuán va perdiendo fuerza y efectivos como foro político, pero sus derivadas basadas en el apoyo mutuo se van haciendo cada vez más fuertes. Es en este contexto, además, donde los miembros del 15M nos encontramos mayoritariamente con nuestros vecinos migrantes.

Nuestra tesis es que el haber compartido contextos (experiencias, lugares de reunión, personas…) facilita la creación de una red de sindicalismo social sólido, basado en las distintas instancias del 15M en Tetuán:

–        Desahucios: el primer grupo.

–        Banco de Alimentos Autogestionado. La reacción diferente de la Asociación de Vecinos ante el precinto del local que ambos usaban es significativa: ellos utilizaron lo aprendido en vivienda, con resistencia popular.

–        Invisibles de Tetuán. Gran campaña de visibilización de la pobreza que se ha convertido en una red de apoyo mutuo.

–        Ofelia Nieto 29 y el entorno de apoyo que se ha producido en el barrio y en todo Madrid.

En la charla describimos brevemente cada uno de los grupos y cómo han merecido todos, por unas razones u otras, hueco en la prensa nacional e internacional. Viendo las noticias, algunas personas han podido tener la sesación  de que Tetuán se ha convertido en la aldea gala de los movimientos sociales madrileños. Nada más lejos de la realidad, por desgracia

Éstas experiencias vienen confluyendo últimamente, con reuniones y una colaboración cada vez más activa. Todas han tenido, además, un espacio de referencia en La Enredadera, Centro Social Okupado con el que han tenido una relación de simbiosis: La Enredadera les ha dado tallo para crecer, y ellas han posibilitado la normalización de la okupación entre muchas vecinas.

Los límites claros de estas resistencias los encontramos en nuestra propia posición respecto de la ofensiva gentrificadora. Hasta la fecha todo lo que se ha podido hacer es construir defensas: parar desahucios, gestionar ayudas públicas, recoger alimentos, etc. Es mucho y estamos lejos de que, además, sea suficiente para frenar la magnitud de la sangría social que vivimos. Sin embargo, sería importante hacer una reflexión común, como barrio, que nos permita ligar los desahucios, los planes urbanísticos, o la criminalización de las okupas -todo-, con una ofensiva contra la gente común del barrio. Invisibles de Tetuán es un buen ejemplo de cómo una reflexión de este tipo puede generar acciones de apoyo mutuo, y Ofelia Nieto 29 de cómo una situación concreta puede congregar en reflexiones comunes.

Existen muchas otras experiencias de resistencia en el barrio, pero nosotros nos hemos referido a éstas porque consideramos que han conseguido una red novedosa e importante de apoyo mutuo, y  partir de contextos similares ha sido crucial para su coordinación. El reto reside en saber cómo crear contextos que posibiliten una coordinación fluida más amplia y basada en la experiencia, que permita de una vez saltar las barreras encontradas en los intentos más burocráticos de coordinación que, como veremos al hablar de la ocupación nazi, han aflorado cuando los movimientos del barrio se han puesto a ello.

La contraofensiva

Parece claro que algunas cosas se han estado haciendo bien en los barrios de Tetuán en cuestión de resistencias a la vista de la importante contraofensiva en la batalla por la ciudad sucedida en los últimos tiempos.

Al margen de la forma en cómo los nazis llegaran a ocupar un edificio en la calle Juan de Olías el pasado verano, el hecho es que la situación fue aprovechada desde el Ayuntamiento para intentar desmovilizar la incipiente red de sindicalismo social del barrio, formada por las distintas iniciativas que hemos aludido más arriba. La criminalización de la Enredadera, espacio central de estas, fue el leiv motiv de la narración del enemigo articulada por Ayuntamiento, policía y prensa, a través de la versión policial.

El campo de batalla de esta pelea por la ciudad es, además, un espacio contiguo a una de las zonas más caras de Madrid (la de General Perón- Reina Mercedes), cuyas naves de licencia industrial, constituyen, junto a las okupaciones de la zona, un cierto freno a un paisaje gentrificado  que la crisis ha dejado a medias. La introducción del conflicto para desactivar parece una buena idea desde el punto de vista de los especuladores. Presentando la zona como un lugar en el que conviene un estado de excepción se pueden tomar medidas excepcionales para cambiar la naturaleza del suelo.

Pero la ofensiva no quedó aquí. Algunos medios de comunicación, en especial Telemadrid, aprovecharon la coyuntura para emprender una ofensiva bestial contra todos los tipos de okupación y contra la pobreza, sacudiendo la bandera de  la inseguridad y presentando Tetuán como un lugar que necesita una intervención quirúrgica para extirpar los muchos males sociales que atemorizan a sus vecinos.

Hemos visto cómo estas campañas de criminalización de la pobreza y la okupación han tenido efecto –o al menos reflejo- en algunas vecinas. En el conflicto abierto por un plan urbanístico inacabado en el Paseo de la Dirección, en el que el Ayuntamiento y Dragados han dejado el barrio abierto durante años y muchos de los realojos a vecinos expropiados sin realizar, algunos vecinos han desviado parte de las culpas a otros vecinos rumanos que trabajan recogiendo chatarra y han okupado viviendas vacías.

Durante la crisis de los nazis pudimos constatar algunas de las intuiciones que tratamos de trasladar en esta charla: la conveniencia de tener una red densa y coordinada de movimientos sociales en el barrio y las dificultades que supone para ellos la falta de contextos comunes.

La respuesta vecinal ante la amenaza de la ocupación nazi fue excelente, con reuniones de centenares de personas y asociaciones muy diversas, muchas de las cuales no habían confluido antes en un mismo espacio. Sin duda, sin la presión vecinal los nazis no hubieran sido desalojados. Sin embargo, aquellas reuniones también nos recordaron las dificultades de aquellas primeras asambleas interminables e improductivas que cada uno hemos vivido en nuestros respectivos colectivos, y evidenciaron las distancias que separan a algunos colectivos entre sí en temas básicos de funcionamiento e interpretación de la realidad.

Nos encontramos de nuevo con el punto de aquellos contextos comunes que facilitaban la coordinación como un paso natural. ¿Es posible encontrar esos contextos en los que encontrarnos? No tenemos respuestas por el momento.

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