Lo que las fiestas de Bellas Vistas y Cuatro Caminos de hace un siglo nos cuentan de un barrio en construcción

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Recientemente pudimos participar de unas recuperadas fiestas del barrio de Bellas Vistas, carentes de advocación religiosa y con pretensiones de zurcido en una comunidad con diferentes especias, colores y acentos.

La experiencia vecinal, sin duda ejercicio de construcción de la ciudad desde abajo, me empujó a ponerme con este texto, que trata de leer en los programas de fiestas y crónicas de finales del XIX o principios del XX, de qué manera la fiesta reflejaban los grupos en pugna en el primer proceso de construcción de los barrios de Cuatro Caminos y Bellas Vistas.

Las nuevas barriadas del extrarradio serán, sin duda, territorio en disputa a cuya contienda no había de faltar la jerarquía católica, cuyas alianzas podemos rastrear en la preparación de las fiestas del barrio que, a su vez, escenifican un orden social susceptible de verse desbordado, como veremos.

A finales de los 70 del siglo XIX se había celebrado ya la Virgen de las Mercedes (en septiembre) y, posteriormente, una verbena tras el 15 de agosto, punto álgido de las fiestas en numerosas localidades. También se habían celebrado fiestas de Bellas Vistas en enero (al menos en 1891), coincidiendo con las fiestas de San Antonio Abad, a las que ya debía acudir considerable gente puesto que se pusieron tranvías especiales. Tras estos primeros años de cierta indeterminación se establecerá como advocación definitiva Nuestra Señora de los Ángeles (el 2 de agosto), en correspondencia con la parroquia del mismo nombre, que se establecerá a partir de 1892.

Manuel Sánchez Capuchino, primer párroco de Nuestra Señora de los Ángeles es un buen ejemplo de notable que aprovecha un espacio por hacer, abierto a la posibilidad de impulsar su institución y su propia figura. Cuando es designado para echar a andar la parroquia, en 1892, ha salido recientemente del seminario y tiene a su cargo una ermita venida a más. Hará de la edificación de un gran templo para la barriada la obra de su vida, y para lograrlo habrá de entablar todo tipo de relaciones políticas con las distintas instancias del barrio y de Madrid.

La bendición de las campanas y el padre Capuchino. La Hormiga de Oro (1910)

Encontraremos a Capuchino permanentemente involucrado con las distintas agencias de la religiosidad en el extrarradio norte, como el Centro Católico Obrero, o una sociedad benéfica llamada La Legalidad, pero también mano a mano con la Asociación Propietarios, Comerciantes e Industriales, precisamente en el ámbito de las fiestas.

Aquel joven párroco fue capaz de reunir en una comida, ya su primer 2 de agosto, a los tenientes de alcalde de Universidad y al delegado de Hospicio, en una jornada con la Glorieta de Cuatro Caminos engalanada. Muchas serían las reuniones y agasajos a autoridades durante los años sucesivos, incluida la casa real. Sin duda, la jerarquía católica encontró en él un personaje tenaz con que imponerse en la nueva barriada, objetivo cuya importancia queda plasmada en el empeño por construir la iglesia junto al colegio El Porvenir, que albergaba el templo Evangelista.

Durante los siguientes años se puede intuir una lucha continua por la influencia en el territorio a través de las cabeceras de diferente tendencia. En los diarios católicos y tradicionalistas, como El Siglo Futuro y El Correo de España, se suceden las noticias de donativos de personas pías y notables para la construcción de una iglesia que parecía eterna. Por otro lado, la prensa republicana, como El País, tenía en Capuchino –como solían denominarle-, blanco de sus dardos. El cura era constantemente tachado de avaricioso y explotador y en 1905, con motivo del derrumbe del Tercer Depósito del Canal, es acusado de no ayudar a los heridos e interceder para que tampoco se les atendiera en el colegio evangelista, donde se instaló un pequeño hospital de campaña.

Foto sacada de https://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es

Muy comentado fue en el Madrid de la época un supuesto milagro ocurrido en 1906, que ayudó a avivar la campaña de donaciones. Tenía el párroco que hacer unos pagos de la construcción del templo para los que no tenía suficiente dinero cuando, según dijo, apareció en un cajón cerrado (al quien nadie tenía acceso) un sobre con 3000 pesetas. Un pago que algunos atribuyeron a la propia virgen y que fue tratado en prensa con sorna. Mariano de Cavia, en una serie irónica llamada Postales ilustradas, daba noticia de la aparición:

“un millón de dólares, firmada por Rockefeller —(Para Don Manuel Sánchez Capuchino, cura párroco de Nuestra Señora de los Angeles, en Madrid.) Sírvase V. añadir esta cortedad a las 3.000 pesetas milagrosas que se han encontrado en el cajón de su mesa, sin saber cuándo, cómo, ni quien las había puesto; pero refuerce V. la cerradura del cajón, porque los dineros del sacristán, cantando so vienen, cantando se van. Sobro todo, cuando son de milagro”
(El Imparcial 15-10-1906 ).

Finalmente, el nuevo templo se inauguró en 1913 y Capuchino (con su parroquia) siguen vinculados, junto con la Asociación de Propietarios y otros vecinos notables, a la preparación de las fiestas hasta que el párroco muere, en 1921.

Otro habitual de las comisiones de fiestas fue Ramón Pulido Fernández, presidente de la Asociación de Propietarios, Industriales y Vecinos de los Cuatro Caminos, así como miembro de la Junta Directiva de la Cámara de la Propiedad de Madrid. En su faceta de destacado pintor (obtuvo premios y desempeñó el cargo de director de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Toledo en los treinta), es significativo que pintara personalmente parte de los frescos de la nueva Iglesia de la barriada, certificando con los pinceles la alianza que hilvana estas líneas.

Pulido es quizá la firma más característica de las campañas periodísticas de vecinos a través de su tribuna en El Liberal y en otras cabeceras, así como personaje central de las comisiones de vecinos frente a la Alcaldía y mentor de autoridades en sus paseos por Cuatro Caminos y Bellas Vistas. Como vocal de la Junta municipal de Primera enseñanza impulsó la construcción de las Escuelas Bosque en terrenos municipales de la Dehesa de la Villa. Otra infraestructura que resultó una auténtica obsesión en sus artículos sobre las carencias de Cuatro Caminos fue el mercado cerrado (el de San Antonio se inaugurará en 1919). En 1916 se encuentra, junto con Fulgencio de Miguel y otros, entre los fundadores del Centro Instructivo Liberal del barrio, y hacia 1916 emprende, precisamente junto a de Miguel, aventuras inmobiliarias más allá de los Cuatro Caminos, pues lo encontramos como Vicepresidente de la Asociación de Propietarios, Vecinos e Industriales de la Colonia El Porvenir (en el actual barrio de Peñagrande).

Durante dos décadas lo encontramos siempre en la Junta de Festejos de las fiestas, cuyas reuniones se celebran en la sede de la Asociación de Propietarios o en los salones parroquiales.

Número de Los Cuatro Caminos (1918) en e que Ramónh Pulido era agasajado como benefactor del barrio.

Con motivo de las fiestas de Nuestra Señora de los Ángeles de 1916, Ramón Pulido publicaría en El Norte de Madrid un sentido recuerdo de Canuto González, “aquel famoso Canuto que durante infinidad de años fue el personaje de más relieve de estas barriadas, y cuya popularidad era grandísima, no sólo en Madrid, sino en el resto de España”. El prohombre liberal recordaba al político tabernero, republicano federal, como una figura tosca pero entrañable, vulgar pero simpática…y al fin y al cabo embarcado en el mismo barco, como miembro de la burguesía de extrarradio, empujada a ser cable de conexión de aquel espacio a medio construir con la administración y los partidos políticos:

“Raro era el día que no bajaba a Madrid al frente de una comisión, y jamás, que yo sepa, dejó de llevar el mismo terno, que era la consabida elástica de punto, que equivalía a ir casi desnudo. Con esa indumentaria se presentaba al alcalde, a los ministros y al rey, si era preciso; y tenía tales simpatías, que jamás dejaban de darle audiencia, y casi siempre conseguía lo que deseaba”.

Además de como miembro de comisiones de vecinos, Pulido le recordaba como figura importante durante las fiestas:

“En época de festejos era el alma de ellos, y siempre acompañado de su ayudante, el gran Velilla, dirigía los ornamentos, cargaba con los palos que habían de servir para poner banderolas y gallardetes, contrataba la pólvora y la música y disponía la iluminación”.

Advertía el pintor liberal que, habiendo coincidido una vez en una comisión de fiestas, casi acaban ambos en la cárcel y linchados por una arenga de Canuto. No está de más tomar en serio la anécdota, puesto que, si bien las fiestas de Nuestra Señora de los Ángeles pueden entenderse como un ejercicio de normalización del extrarradio, atravesado por los estamentos de poder de la ciudad (el Ayuntamiento o la Iglesia católica), y como escenificación de poder de las fuerzas locales (como la pequeña burguesía residente), no cabe entender aquellos días de agosto como una plácida coreografía en la que los vecinos eran meros figurantes.

Buena prueba de ello la tenemos durante los primeros días de agosto de 1897. El mismo día de Nuestra Señora de las Victorias empezó la huelga en todo el extrarradio madrileño con motivo de que el Ayuntamiento arrendara el cobro de los Consumos (un impuesto muy impopular y que se cobraba en los fielatos, elementos omnipresentes en la vida de los vecinos de los extrarradios). Además del miedo a que aumentara el celo de los consumeros, se protestaba por el acuerdo para satisfacer los tributos del extrarradio de un pequeño número de industriales habían llegado. Entre estos estaba, precisamente, Canuto González. A pesar de ser un personaje con influencia social entre las clases populares (su taberna fue un importante centro de reunión obrera y posteriormente saldrá elegido concejal republicano), en aquella ocasión el establecimiento de Canuto y su arrogante figura recibieron las iras de las mujeres amotinadas y en huelga. Con arreglo a las fechas festivas (la celebración se había anulado por la huelga), las socarronas vecinas de Cuatro Caminos cantaron coplas en su ronda que hacían alusión a la festividad:

“La Virgen de Bellas Vistas se ha quedado sin corona/
porque se han llevao el dinero/
los ladrones de las zonas”

Algunos de los comerciantes que en aquella ocasión no hicieron huelga y que sufrieron las pedreas y amenazas de incendio populares también eran glosados al final de la sentida carta de Pulido en 1916, mostrando que el equilibrio de fuerzas entre este pequeño grupo de notables locales y la barriada no era de mera subordinación…tampoco durante las fiestas.

Las descripciones con las que contamos de las fiestas certifican un dibujo estratificado socialmente. Así, en 1895 el periódico El País nos relataba que al amanecer una banda recorrería el barrio tocando a diana para que los vecinos estuvieran puntuales a las 10 en la misa oficiada por el párroco Capuchinos. Posteriormente, a las 5, se celebraría una procesión por todo el barrio “acompañada con un piquete de la benemérita”.

A los bailes, cucañas, carreras de cintas, carreras de gallos, concursos de balcones, dianas gigantes, fuegos artificiales y partidos de balompié en descampados (a partir de la segunda década del siglo), siempre les acompañaron las procesiones presididas por las autoridades o las demostraciones caritativas, como la comida para niños pobres en el Colegio de las Maravillas.

Esta fue la tónica general de todos los años. Sin ser este itinerario simbólico de los espacios de poder una característica exclusiva de las fiestas patronales del extrarradio, su implantación desde la nada, y a la vez que se construían la parroquia y los distintos capitales sociales de la barriada, hacen de las fiestas de Nuestra Señora de los Ángeles un texto con más información que la habitual descripción costumbrista de aquellos días de vino y pólvora.

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