No queremos ser regenerados

El raquítico patio del cole, con árboles en medio. El nuevo patio debería estar, desde el 97, en el solar del huerto

El raquítico patio del cole, con árboles en medio. El nuevo patio debería estar, desde el 97, en el solar del huerto

Últimamente los vecinos y vecinas de Tetuán asistimos cabreados –la estupefacción ya pasó- a cómo el barrio donde vivimos se ha convertido en campo de batalla del sensacionalismo mediático. Al indignante tratamiento de la presencia de un grupo nazi en el barrio y el normal rechazo de los vecinos, se sumaba recientemente un documental de Telemadrid, en el que se presentaba al vecindario inmerso en una espiral de inseguridad y podredumbre. En el programa se venía a culpar de esta situación inventada a la gente que vive okupando y a los vecinos de menos recursos, dejando claro, por supuesto, su origen extranjero.

El pasado martes 29 de septiembre nos desayunábamos con un bienintencionado artículo en la revista Yorokubu en el que se niega la mayor ¡bien! No hay dos bandos, “el de la caridad excluyente y xenófoba de la llama «okupa neonazi» o el que hay frente a eso, el del Centro Social La Enredadera.”

Menos mal. Sin embargo, el artículo viene a aclararnos enseguida que en Tetuán también pasan cosas positivas: la intervención que La Galería de Magdalena hizo en La Huerta de Tetuán, dentro del proyecto Paisajes de Tetuán.

Dice el autor que “los caprichosos designios de la actualidad han querido que el proyecto en el que han intervenido, Paisaje Tetuán, sea el anverso de belleza de un reverso tenebroso que acosaba al popular distrito madrileño”.

¡Toma ya!

El autor obvia las numerosas críticas que el proyecto Paisajes de Tetuán, que el ayuntamiento publicita como “el Soho madrileño”, tuvo en el distrito. Dichas críticas vinieron dadas por la falsedad del presupuesto inicial de participación ciudadana, por la descontextualización de las intervenciones y por el carácter temporal de la gran mayoría de ellas, que no pocos vecinos han sentido –por lo descuidadas que están las infraestructuras del Distrito- como un lavado de cara.

Más allá de las críticas al proceso como tal, cada una de las intervenciones tiene su propio valor. De entre todas ellas, sin duda, La Huerta de Tetuán es la que ha dejado en el barrio un mejor legado para la utilización vecinal.

Curiosamente, La Huerta de Tetuán sigue siendo útil al barrio una vez Paisajes de Tetuán ha salido del foco mediático , en gran medida, porque la gente del barrio se la ha reapropiado. Sin quitar ni un ápice de mérito a los colectivos impulsores y mediadores tampoco. De hecho, otro espacio similar del proyecto está cerrado en la actualidad y un tercer espacio ha sido objeto de protesta vecinal hace sólo unos días.

No hay en el artículo ni una palabra para esta gente. Sólo para los artistas.

Ya en la apertura del artículo se utilizaba un término que da mucho miedo a los vecinos resabiados: regeneración. Ésta acostumbra a venir de fuera, como una dádiva, y suele ser excusa para la transformación excluyente –con los vecinos- de los barrios. Sobre el resto del artículo sobrevuela el mismo fantasma. Tetuán no tiene necesidad alguna de ser regenerado por agentes externos, lo que necesita es, simplemente, recibir el trato que le corresponde por parte de las administraciones y poner en valor los espacios de colaboración vecinal que existieron, existen y existirán en Tetuán.

Una pregunta me queda borboteando entre las cejas. Si lo que el autor quería era hacer un reportaje del magnífico trabajo de La Galería de Magdalena ¿Por qué no lo hizo sin más? ¿Sin meterse en otros charcos?

Artículos críticos con Paisajes de Tetuán.

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