Tetuán de las Victorias, el periodista en los “bajos fondos”

Algunas de las ilustraciones fotográficas del reportaje

Algunas de las ilustraciones fotográficas del reportaje

Desde el último tercio del siglo XIX, y hasta bien entrado el XX, se desarrolló un género periodístico que ponía la mirada sobre los nuevos barrios bajos de las grandes ciudades capitalistas en expansión y sus moradores. Con aparente ecuanimidad, hizo gala del prejuicio de considerar la ciudad obrera y pobre como un miembro infectado del cuerpo social, en cuya sopa primigenia emergía el mal moral.

A este respecto, hemos encontrado un extenso reportaje de finales de 1932 en la revista gráfica Crónica que no tiene desperdicio, y en el que se une el prejuicio contra el anarquista, en un barrio, el de Tetuán de las Victorias, que era ya, a esas alturas, una de las grandes zonas obreras de la izquierda social de Madrid.

Aunque el título del reportaje alude al robo en la casa de un aristócrata en El Molar (Juan Pérez de Seoane, ex-conde de Riudoms, que partía al exilio y se dirigía en su coche a la frontera francesa), el reportaje toma el barrio de Tetuán como protagonista, y de hecho comienza:

TETUÁN de las Victorias. Proletarios que vuelven del tajo, con sus marmitas colgando del brazo y las bocas tapadas por las bufandas. Casitas pequeñas, con sus portezuelas bajas, como si los vecinos fueran enanos. Callejuelas desempedradas, en las que las ruedas de los carros hacen hondos relejes, y en donde se pudre el agua llovediza. Bandadas de chiquillería astrosa.

El redactor, con estilo literario y tremendista, hace ver que se mezcla con la gente de la barriada, entrevistando informantes, gente pobre pero honrada, que contrasta con Alejandro Gómez, el vecino que, presuntamente según el propio artículo, comanda la banda que ha llevado a cabo el robo. No es, en cambio, extraña su presencia en esta barriada para una “vida rota, lanzada a estas riberas de los suburbios, en donde vienen a parar con tanta frecuencia lo mismo los residuos humanos que los desechos de las cosas.

No era infrecuente en la época, y desde muchos años atrás, este periodismo rebosante de prejuicio pero disfrazado de apariencia profesional y científica, que visitaba los extrarradios desde la perspectiva de un entomólogo y era herramienta para la construcción  de la imagen del pobre y del trabajador desde arriba, cargada de regeneracionismo moral. “La miseria económica engendra bajeza moral”, dirá aquí el autor.

Entre las entrevistas lacrimógenas (a vecinos que han sido objeto de robos, caseros desencantados por la naturaleza vil de su inquilino y los niños de la pareja detenida), se deslizan descripciones que apuntalan el temor del burgués, lector de la revista:

En las calles solitarias de Tetuán sólo muerde las sombras el halo rojizo de las lejanas bombillas eléctricas colgadas de las paredes como rojos zarcillos. La silueta de algún transeúnte se ve perderse rápida en la hondonada o el vericueto de las callejuelas. Los que pasan o cruzan se miran con desconfianza. Un hombre solo es un susto; tres, la posibilidad de un atraco.

No queremos hacer una estampa o chafarrinón de los «bajos fondos». Pero al atravesar estos mentones de viviendas miserables pegadas a Madrid; al pisar estos barrizales o deslizarse por estas pendientes, en donde lo único que puede brillar es la hoja de un cuchillo, o donde la única aventura posible está en la estaca del salteador, se piensa, desdeñosamente, en toda esa falsa literatura sainetesca que ha inundado nuestros escenarios con sus chulapos, sus ruidosas facecias y sus tipos castizos, huecos muñecos, testaferros del trimestre.

Claro que la demonización no era completa, puesto que este desecho humano que vivía en el hábitat normal a su condición ¡era anarquista! Afiliado a la F.A.I., según aclara brevemente al final el artículo, aunque figura en el titular del reportaje.

Días después la prensa divulga que se ha encontrado algún enser de la familia atracada en la huerta de la casa de la calle España número 1, también en Tetuán pero en otra localización, donde también se encontraron aparatos explosivos en una galería. Parece que había una total desorientación acerca de quienes estaban involucrados, a pesar de lo cual se interroga al célebre Sandoval (el dóctor Muñiz, que sembrará el terror durante la guerra desde el checa del cine Europa) y hasta se menciona, sin involucrarlos en nada delictivo pero mezclándolos con la información en los primeros artículos, a otros anarcosindicalistas de la barriada, como Cipriano Mera (posteriormente sí se les interrogó y detuvo). Posiblemente se tratara  de la expropiación de un grupo de acción, como se relata por aquí, pero esta entrada está centrada más en la visión de la prensa sobre la barriada.

La revista Crónica fue una publicación gráfica que aparece al final de la dictadura de Primo de Rivera, en 1929. Este tipo de publicaciones, como su competidora Estampa, fueron muy importantes en la época. Se caracterizaba por un gran peso de la fotografía, el huecograbado y el diseño moderno, teniendo cabida reportajes de todo tipo y, también, contenido político de orientación liberal (frente a la más conservadora Estampa). Entre los colaboradores encontramos nombres ilustres como los de César González Ruano o Edgar Neville. Ambas revistas se editaron hasta 1938. Julio Romano, que firma el reportaje, parece ser el seudónimo del periodista y escritor Hipólito González y Rodríguez de la Peña (1886-1952)

* Descargar el número de Crónica con el reportaje completo (págs.6-8)

Un pensamiento en “Tetuán de las Victorias, el periodista en los “bajos fondos”

  1. Hallie

      May 31, 2010May he R.I.P. Such stories always show the magnitude of how severe health care issues are for people in the occupied teorrtiries. Hope his family are granted the patience and faith get through this.

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