TETUÁN. Planteando la inexistencia de lugares comunes

La historia de Tetuán es rica, si en los ochenta y noventa la okupación dejó su huella en esta zona de Madrid, en los dos mil, una red de asociaciones consiguieron con relativa autonomía, marcar una agenda y por ejemplo que se implementara un proceso de desarrollo comunitario o un centro sociocomunitario (Josefa Amar).

Actualmente el territorio sigue salpicado de pequeñas experiencias de resistencia colectivas a realidades duras que afrontan las consecuencias de una ciudad abandonada al expolio del capital.

De esta manera, grandes inversionistas encuentran en uno de los sectores de ese territorio (AZCA) miles de oficinas disponibles, (aunque a juzgar por el último ejercicio presupuestario, la zona está siendo alimentada por la administración, seis millones de euros de inversión directa en el ejercicio de 2016). Tetuán afronta, al mismo tiempo, la amenaza de ser un terreno inserto en la lógica de un urbanismo desbocado (Paseo de la Dirección-Dragados/al este); operaciones especulativas (Operación Chamartín al norte). Y un eje en el oeste plagado por la bussiness-area de la capital financiera (quebrada seguramente, pero al mismo tiempo regada con sal para que no crezca nada).

Singularmente, también es un territorio plagado de miseria. Miserables y miseria en un mismo espacio, unos la reparten y otras se la quedan. No se mezclan.

Este relato podría ser común. Un barrio enorme, sin una red cierta de contactos y relaciones, sufre sin contestación, sin la expresión de la masa crítica de Tetuán. Los colectivos absortos por la función social de la que se han autodotado (contra la pobreza, por la soberanía alimentaria, contra la soledad), surgen y se mantienen activos para afrontar esas parcelas de redes de vida cotidiana. Conectados con otros grupos de la misma temática a nivel de Madrid, la coordinación entre esos grupos en el territorio que comparten es casi inexistente.

Es cada vez más patente que esa ausencia de contactos estables, tiene su analogía en los espacios físicos compartidos de ese distrito, simplemente no son. Si observamos cuantos espacios existen en Tetuán, advertimos su casi inexistencia. Para 150 mil habitantes. Si este diagnóstico nos complace, si estamos de acuerdo en que no tenemos lugar, ¿a qué esperamos para construirlo?

Ramón Ferrer

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