Un lunes cualquiera: niños aterrorizados arriba y el cerrajero riendo

Hay semanas que no apartan nada de tiempo para desperezarse. El lunes, a las 8.30 h., había desahucio en el barrio de Tetuán. Calle Gladiolo 21. La familia de Yakira y Ángel firmaron un contrato (resultó ser falso) con alguien que dijo ser el dueño del piso. Hoy es la Compañía de Inversiones Argúijo la que venía a desahuciar “¡No me voy a ir con las manos vacías!”, se podrá escuchar varias horas después gritar al representante del fondo inversor. Luego lo retomamos.

Yakira y Ángel tienen dos pequeños: un bebé de año y medio y un hijo de nueve años con un 34% de minusvalía. Va al colegio de al lado, donde tiene un seguimiento especial debido a su TDAH.

La mañana del lunes, fresca, ha pillado de imprevisto a uno de los chavales que sujetan la bandera del grupo de desahucios del barrio, en camiseta. Jóvenes antifa que han venido desde otro barrio para apoyar a la familia, junto a vecinos y activistas por la vivienda de Tetuán. Quince, veinte, veintisiete personas en el portal, dependiendo de la hora. No son muchos, pero están dispuestos a apretarse y plantar fuerte los pies si se acerca más la policía.

La familia ha estado buscando activamente alquiler con algún dinero –poco– que tienen ahorrado. Días atrás, a punto estuvieron de mudarse a un piso de 30 metros cuadrados en la misma calle, pero no pueden afrontar el aval bancario de 1500 euros que les pedían. Tienen ingresos ocasionales y, a veces, sin nómina. Una situación complicada para encontrar piso de alquiler, incluso si puedes pagarlo.

En realidad, la configuración actual del mercado del alquiler es una gran pendiente para muchas familias, que gira hasta los noventa grados para convertirse en el muro en el que se estrellan las personas de menores recursos económicos. “Están buscando por este barrio, pero ya sabemos cómo están los precios por aquí, tienen que buscar en otros ”, escucho decir a una asistente social.

Ninguna espera es tranquila con la policía enfrente, pero cada minuto que pasa se rellena con conversaciones, comentarios, la viveza de relaciones sociales soldadas, en muchos casos, al calor incandescente de momentos compartidos con el corazón a mil. Se habla de recetas caseras contra los pipis que traen los críos del cole ; del vestido de la fiesta de los quince años de la hija de O. ; de la cantidad de gente que está recibiendo cartas en las que se la retira el RMI (Renta Mínima de Inserción).

Espera. Hay varias mujeres presentes a las que les ha sucedido esto último. En un caso, por sellar dos días tarde el paro, en el de Yakira –a quien hoy quieren desahuciar– por dejar un trabajo, en otros casos referidos no se sabe bien por qué…Invisibles de Tetuán, está advirtiendo acerca de una retirada generalizada de la ayuda por parte de la Comunidad de Madrid.

El asesor de la Junta de Distrito de Tetuán se ha ganado hoy el sueldo. Hablaba con el policía al mando, un joven de maneras ahora arrogantes, ahora ¿conciliadoras?, que ha parecido gritarle en algún momento. Hablaba con los activistas: “no gritéis más consignas, que se van a poner nerviosos”. Se dirigía a los profesionales del SAMUR Social, cuyo informe era la mejor baza para parar el desahucio. Sudaba. Hasta le han filiado, como también han hecho con un par de activistas que, simplemente, estaban sentados en un bordillo.

Los vecinos y vecinas –siempre más vecinas–preguntaban por el estado de la familia a los compañeros que subían al piso para tranquilizarlos. Compartían la información que robaban al aire de las conversaciones de quienes parecían mediar o, al menos, conseguían alguna información parcial. Supongo que cuando se han visto niños aterrorizados en sus casas, la mera idea de que dos pequeños esperen al otro lado de la puerta se agarra fuerte a las sienes.

El cerrajero charlaba y reía en la acera de enfrente.

“¡No me voy a ir con las manos vacías!” ¿Recordáis? Era la voz socarrona del representante del fondo desahuciador. En un desalojo (ocupación) no hay obligatoriedad de que esté presente una comisión judicial, como hay siempre en los desahucios, y este hombre parecía ser, por momentos, la máxima autoridad del lugar. Sus interlocutores: la policía, personal del SAMUR social, un mediador de Tetuán Resiste y asesores de la Junta Municipal. En un momento dado, parecía claro que la policía iba a llamar a las unidades de intervención. Nadie se planteaba retroceder.

Pero no hay solución habitacional para esos críos y, finalmente, el desahucio se para. Quizá una semana, quizá unos pocos días más. Una mierda. Y, a la vez, un poco de espacio para resoplar con alivio. Toca empezar una campaña contrarreloj, toca buscar soluciones. No hay tregua.

Las horas de espera se prolongaron la mañana del lunes hasta las 12 del mediodía. Para la familia, tres horas y media después de, seguramente, una noche sin dormir. Antes de quién sabe qué. Sólo quien lo vivió lo sabe pero a todos nos toca evitarlo.

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