El desahucio de Umberto y la sangría social de los usureros

El pasado 20 de noviembre una buena cantidad de vecinos se congregaron para parar el desahucio de Umberto en la calle Guzmania, en el barrio de Tetuán. Aquel día el desahucio no se llevó a cabo, pero la amenaza permanece en el horizonte. La nueva fecha prevista es el próximo 9 de febrero.

Umberto pidió un préstamos de 4.000 euros, ahora se le reclaman 32.000, y para cobrarlo le van a quitar la vivienda que ya estaba pagada. Umberto ha sido víctima de una estafa. Se le citó en una notaría para darle a la maniobra apariencia de legalidad, se le dieron los 4.000 euros y se le dijo que se empezarían a cobrar a partir de los seis meses en plazos de 100 euros. Una vez pasó este periodo ya se le reclamaban los 32.000 euros y se había hecho subasta pública de su vivienda. Por supuesto, el notario no había informado a Umberto de lo que había firmado.

Los ingresos con los que cuenta la familia son de 60€ de un REMI que Umberto cobra y de un trabajo a media jornada que tiene su hijo, por el que ingresa 420€. El prestamista a quien pidió dinero es, como veremos a continuación, un conocido estafador, al que tiene denunciado. La querella no pudo parar el primer intento de desahucio por un defecto de forma cometido por el abogado de oficio. A día de hoy ha vuelto a interponer una querella criminal.

El 9 de febrero los vecinos y vecinas de Tetuán volveremos estar en la calle Guzmanía para evitar que un usurero deje a nuestro vecino en la calle.

Antonio Arroyo Arroyo: el rey de los estafadores usureros

prestamistas

El de Umberto no es un caso aislado, es uno más de los muchos estafados por la trama de Antonio Arroyo Arroyo. Antiguo subastero, ex trabajador del Fondo de garantías de depósitos del Banco de España y hoy prestamista, es el cabecilla de una trama societaria que es una de las mayores estafas hipotecarias actuales. Sus compinches le llaman, al parecer, Dani Devito.

Arroyo acumula casi un centenar de causas abiertas por falsedad documental o delitos fiscales, ha sido condenado en un juzgado de Sevilla por amenazar de muerte a una mujer, y hay una denuncia conjunta en la Audiencia Nacional contra él. Uno de los engañados se ha llegado a quitar la vida. A pesar de todo, hasta el momento el estafador ha salido bien librado de las batallas legales que ha librado.

La finalidad de los préstamos de Arroyo no es cobrar los altos intereses, sino quedarse con la vivienda de los prestatarios. La operación cruza la línea de la usura: es una estafa en toda regla.

Algunos de los afectados han intentado pagar, pero se les ha dado largas hasta que ha cumplido el plazo, momento en el cual se denuncia a las personas que han puesto como aval –y ante notario- su vivienda como garantía. El resultado de estos préstamos entre particulares son cientos de personas estafadas en toda España que están perdiendo sus viviendas por cantidades a que, a veces, no sobrepasan los 2000 euros. Él mismo presume de haber firmado más de 3600 préstamos, lo que da idea de la magnitud de la estafa.

Los notarios son también piezas clave en la estafa (hasta tres notarías trabajan con él en Madrid.) Cuando las personas que piden el préstamo llegan a la notaría se les obliga a firmar letras de cambio que multiplican la cantidad recibida y vencen a los seis meses. Dichas letras de cambio, se prometía falsamente a los engañados, se destruirían a los tres meses. El interés que se les ofrecía inicialmente oscilaba entre un 8% y un 12%, pero aparecían en la notaría, de sopetón, los llamados intereses de demora, de un 29%. Los notarios, además, no explican a los receptores del préstamo que de no afrontar esos intereses en tan breve periodo de tiempo perderán su casa.

En ocasiones, los afectados han denunciado que, tras firmar ante notario que han recibido el dinero, los intermediarios han desaparecido con los cheques. Habitualmente, se les embrollaba con mentiras y lenguaje legalista para que firmaran haber recibido una cantidad superior a la firmada, bajo la promesa de que que el resto se les entregaría a través de otra vía. Las tasaciones de las casas también se hacían a la baja, y eran las mismas sociedades de Arroyo quienes las llevaban a cabo. En definitiva, una cadena de personas colabora para engañar a personas necesitadas, y el engaño concluye amparado por la supuesta garantía que ofrece la notaría.

El préstamo entre particulares no está fiscalizado por el Banco de España, y se ha convertido en una de las facetas más descarnadas de la estafa inmobiliaria en los últimos tiempos. Recientemente le vimos asomar la cara con el caso de Carmen, de 85 años, que perdió su vivienda en Vallecas